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El Instituto de Desarrollo Agropecuario, INDAP, apoya el rubro apícola, cuyo monto de exportaciones fue de alrededor de US$ 8.000 millones durante el 2005. Chile ya se perfila como una potencia agroalimentaria emergente, gracias al resultado de una adecuada combinación de potencialidades, políticas públicas e iniciativas de los sectores privados. Los apicultores de Chile son parte de este proceso. La cara más conocida de su contribución es sin duda la expansión -irregular pero sostenida- de las exportaciones de miel natural durante los últimos años.
En Chile los dos principales ejes de sustentación económica de la apicultura son la producción de miel y la polinización. En este contexto, se estima que en la actualidad más de 300.000 colmenas prestan servicios de polinización a la fruticultura y la agricultura empresarial en la zona centro del país. Complementario a estos ejes, la apicultura nacional se está diversificando en forma creciente, con la incorporación de otros productos como el polen, propóleo y producción de abejas reinas, entre otros.
Chile apícola se divide en dos grandes zonas: - Centro Norte (IV hasta VII regiones), donde la actividad principal es la polinización. La producción de miel es complementaria. - Centro Sur (VIII a XI regiones) que se orienta principalmente a la producción de miel, con una incorporación reciente de servicios de polinización para los frutales mayores y menores, así como para otros cultivos innovadores en la zona.
Los niveles promedios de producción de miel se sitúan alrededor de 7.500 toneladas, con años excepcionales donde se sobrepasaron las 10.000 toneladas. Entre el 80% y el 90% de la producción se destina a los mercados externos.
Desde un punto de vista sanitario, la excepcional condición con la cual contaba el país fue vulnerada en la última década con el ingreso del ácaro Varroa y muy recientemente con la detección de focos de Loque Americana. Ello obligó a redoblar esfuerzos en las normativas y manejos tecnológicos.
Exportaciones apícolas En los últimos años se ha producido un fuerte boom exportador, con precios muy favorables, a raíz de las interrupciones de las importaciones norteamericanas y europeas de las mieles provenientes de China y Argentina, por detección de residuos y medidas de antidumping.
 
Ello permitió crecer de US$ 4,8 millones en exportaciones en el 2000 a más de US$ 26 millones en el 2003. Sin embargo, en 2004 y 2005 los montos exportados se situaron en US$ 13,1 y 9,9 millones respectivamente. En volumen, ello significó embarques de más de 10 mil toneladas durante el 2003, y de 5,4 y 7,1 mil toneladas en el 2004 y 2005, siendo los principales países de destino Alemania y más lejanamente Estados Unidos.
Sin quitar méritos a este proceso expansivo, es importante destacar que la penetración del producto chileno en los mercados mundiales fue en gran medida debido al retroceso de la oferta de los principales proveedores mundiales (China y Argentina) y a los niveles de calidad exhibidos por la miel chilena. En este contexto, el 2003 fue un año “anormalmente” excepcional, tanto en los volúmenes transados como en los precios obtenidos.
Este análisis permite relativizar tanto el boom como la aparente caída que se produjo en los últimos dos años. Asimismo, se puede vislumbrar que la inminente recuperación y reinserción en los mercados mundiales de China y Argentina, junto con la emergencia de nuevos competidores (Brasil, India y Vietnam) genera un escenario donde la competencia se va a acrecentar. Ello obliga a acelerar el proceso expansivo de la oferta chilena, aprovechando las ventajas arancelarias producto de los recientes acuerdos comerciales, donde, en el caso de Estados Unidos, la miel chilena quedó liberada a partir del 2004 y en el caso de Europa el impuesto disminuirá paulatinamente hasta alcanzar el arancel cero en el 2010.
El consumo interno de miel bordea las 1.400 toneladas, de las cuales el 65% se comercializa a través de canales formales (Industria de alimentos, farmacéutica y cosmética, supermercados y tiendas menores) y el resto en los canales informales. Ello significa un consumo per cápita de 100 g al año, cifra que se sitúa muy por debajo de algunos países miembros de la Unión Europea, donde el consumo anual per cápita supera 1 kg, o de Nueva Zelanda, donde se consume 2,5 kg por persona al año.
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