Gestión Integral del Riesgo en INDAP

INDAP atendiendo las emergencias agrícolas durante los últimos años, ha adquirido un conocimiento que le ha permitido un accionar en forma rápida y oportuna, es decir, ha gestionado la crisis en forma eficiente, pero ineficiente en instalar la Gestión del Riesgo.   

En un trabajo mancomunado con el Ministerio de Agricultura y capacitando a funcionarios en la Gestión Integral del Desastre, se comienza desde el 2009 en adelante un trabajo sistemático, de instalación de la Gestión del Riesgo Integral dentro de la Institución.

Para entender mejor este tema, es importante reconocer que  los desastres naturales en los últimos años han afectado a miles de personas, cobrando la vida de cientos de ellas. Severas inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, sequías intensas  hacen difícil, si no imposible, prevenir en sí las amenazas naturales. Por ejemplo, un terremoto implica fuerzas subterráneas incontrolables masivas. Sin embargo, una amenaza por sí sola no siempre ocasiona un desastre. Si en una comunidad existen debilidades – o vulnerabilidades – la amenaza puede provocar daños y muertes, y entonces el resultado es un desastre. El proceso de reducir esas vulnerabilidades se conoce como Reducción del Riesgo de Desastres.

La vulnerabilidad es creada por varios factores, por ejemplo:

- Falta de alertas y preparación para las amenazas naturales.

- Viviendas de mala calidad en lugares expuestos.

- La dependencia de una sola fuente de ingresos, que puede verse reducida por la amenaza.

- Un suministro de agua inadecuado o desprotegido.

- Falta de infraestructura de riego.

Además hay que agregar que en los últimos años, el cambio climático ha aumentado la frecuencia y la intensidad de algunas amenazas relacionadas con el clima. Las inundaciones y las sequías han aumentado debido al deshielo más rápido de la nieve, a la elevación del nivel del mar y a patrones climáticos impredecibles. Las comunidades están siendo expuestas a amenazas extremas, las cuales son algo nuevo para ellas. La actividad humana, como la tala de bosques o la agricultura en pendientes pronunciadas, puede provocar la degradación del medio ambiente y aumentar el riesgo de inundaciones o de desprendimientos de tierras.

Si bien la situación puede parecer sombría, se puede hacer mucho para reducir el riesgo y crear comunidades más seguras y menos vulnerables.

INDAP está empeñado en mejorar su intervención, potenciando:

- El buen liderazgo: donde los agricultores desarrollen comunidades más segura.

- Evaluaciones de riesgos: usando tanto conocimientos tradicionales como información científica.

- Funcionarios con un buen conocimiento sobre los desastres que lo transmiten a los agricultores.

- Buenos métodos agrícolas y cultivos que son lo suficientemente resistentes para hacer frente a las inundaciones o sequías.

- Estructuras adecuadas que han sido construidas para resistir las amenazas, por ejemplo, tanques para la captación del agua de lluvia, terraplenes de defensa contra inundaciones, depósitos de granos o canales de riego.

- Sistemas de alerta temprana cuyo enfoque de diseño está centrado en las personas.

A través de los Lineamientos Estratégicos 2014-2018 de la Institución, se ha definido el camino para abordar la  Gestión del Riesgo Integral. El nuevo enfoque de Fomento considera el manejo sustentable de los recursos naturales como un eje fundamental de su accionar, que se plasma explícitamente en todos y cada uno de sus programas y servicios de apoyo. Adicionalmente se incorpora la variable de Cambio Climático como aspecto relevante en la planificación para el desarrollo productivo. INDAP deberá velar por mejorar la capacidad de transferencia de tecnología a la Agricultura Familiar Campesina y la gestión del conocimiento para la adaptación al cambio climático. Deberá promover la adaptabilidad, estableciendo alianzas estratégicas con los organismos de innovación y avanzando en la instalación de una cultura de gestión del riesgo.

La institución ha adaptado el  ciclo de los desastres a la actividad agropecuaria, de manera que los instrumentos de fomento se hacen cargo de alguna etapa del ciclo, entregando las herramientas necesarias para tener una AFC más segura. 

CicloDesastres



Respuesta de Emergencia

Durante los primeros días y semanas después de un desastre o emergencia, se necesitan medidas inmediatas que ayuden a mantener la actividad silvoagropecuaria funcionando, evitando al máximo la descapitalización del pequeño agricultor. Aquí se activan las medidas de las emergencias agrícolas  establecidas. 

Rehabilitación

Al paso de las semanas se debe reparar la infraestructura afectada tales como canales, bocatomas, praderas, inversiones como bodegas, restablecer los  suministros de agua y restablecer las fuentes de subsistencia. La rehabilitación a menudo se denomina recuperación.

Mitigación

Estas actividades ayudan a una “mejor reconstrucción”, con ello haciendo que la comunidad sea más resistente a futuras amenazas. La mitigación está estrechamente vinculada a la rehabilitación, por ejemplo, colocación de bombas de agua en plataformas elevadas, cultivos alternativos para hacer frente a las inundaciones o a la sequía de una mejor manera.

Preparación

Esto significa prepararse para la próxima emergencia agrícola, ejemplo: inundación o sequía, mediante el establecimiento de un sistema de alerta, haciendo una reserva de alimentos o de agua, preparando un centro de evacuación o capacitando a los agricultores.

AdaptacionCicloDesastreINDAP

Durante el 2015, a diferencia de otros años, se potenciaron acciones en el ámbito de la gestión del riesgo, con la participación de varios instrumentos. Es así como en ocho regiones se financiaron proyectos de riego a través del Programa de Obras Medianas, concentrando los recursos en las regiones más afectadas.

En el marco del Programa de Suelos, tres regiones hicieron llamados para financiar prácticas especiales de emergencia, que son complementadas con el programa de Praderas Suplementarias y Recursos Forrajeros que está orientado  justamente a suplir los déficits de forraje en los sistemas de producción de la Agricultura Familiar Campesina y finalmente los llamados especiales que se hicieron en el PDI como en la Región de Valparaíso, para procesos de reconversión, aportándose  115,7 millones en la provincia de Petorca, de manera tal de acompañar a los agricultores en el proceso que les permita adaptarse al cambio.

En resumen más de 24.500 millones de pesos fueron invertidos a través de distintos programas, ya sea para enfrentar la emergencia o para gestionar el riesgo. A lo anterior hay que sumarle otros casi 3.000 millones del programa de recursos forrajeros y praderas suplementarias.

 

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