Guaitecas - Cecilia Levinanco

Grupo de campesinas de Islas Guaitecas emprende con aceites esenciales de tepa, ciprés y canelo

Horarios dispares, dependiendo de las condiciones climáticas, permiten recalar en Melinka (la más querida), capital de la comuna de Guaitecas, donde la estatua de una bella sirena en medio de la plaza pública da la bienvenida a esta localidad, la más antigua de la Región de Aysén, que debe su nombre al ruso Felipe Wesethof.

Boteros, mariscadores y algueros deambulan por las caletas, donde se comercializa el principal recurso de la zona, el erizo, mientras que en los bosques muchas mujeres recolectan las maderas muertas del característico y aromático ciprés de Islas Guaitecas.

Aumentar la producción y puesta en valor de la leña de calidad y origen legal, además de incorporar la comercialización de otros productos provenientes de los bosques de los pequeños productores, es el objetivo del Programa de Dendroenergía y Productos Forestales No Madereros de INDAP, que financia el Gobierno Regional de Aysén para promover el emprendimiento y dinamizar la economía local.

El programa ha tenido un positivo impacto, gracias a la implementación de un modelo de negocio y desarrollo local que consideró el cofinanciamiento, en Melinka y Repollal, de equipamiento para la extracción de aceites esenciales para un grupo 15 usuarios del Programa de Desarrollo Territorial Indígena (PDTI), principalmente mujeres, quienes hoy están produciendo aceites de ciprés, canelo y tepa.

Rodeada por una cocina a leña, su Virgencita de Guadalupe y la ropa que seca al lado de la estufa, Cecilia Leviñanco procesa y envasa aceites esenciales en Repollal cuando recibe la visita de Enrique Higuera, profesional del Programa de Dendroenergia de INDAP Aysén, quien la asesora para que mejore el proceso de extracción del aceite de tepa, a fin de de lograr un mejor rendimiento y calidad aromática.

Aceites esenciales Aysén

“Con este tema del aceite hubo un cambio enorme en mí. Ha sido importante el apoyo de INDAP en este camino, no solo por la asesoría, sino también por la implementación. Hoy soy reconocida, vendo más y de a poco me he ido informando. Esto sin duda ha sido un cambio enorme en cuanto a ingresos económicos”, cuenta Cecilia.

Patricio Urrutia, director de INDAP Aysén, dice que “uno de los propósitos que nos moviliza como institución es promover el desarrollo de la economía familiar campesina. A esto se han sumado los lineamientos de nuestro gobierno de fortalecer la asociatividad y la comercialización, lo que se puede lograr con este proyecto”.

Según Felipe Henríquez, seremi de Agricultura, “los productos forestales no madereros nos están entregando la oportunidad de abrir nuevos mercados a través de innovadores procesos, en especial para las mujeres del agro en nuestra región. Es lo que el Presidente Piñera nos ha pedido: trabajar por diversificar mercados para los productos del campo, fomentando la asociatividad para generar economías circulares”.

El ciprés ya ha sido analizado por el Centro de Investigación de la Universidad de Concepción, tanto sus ramas como el aceite, y no se descarta que otras esencias también tengan iguales propiedades bactericidas y antimicóticas, lo que daría más proyección a este rubro, que comienza a emerger en una de las zonas más apartadas de Aysén, de la mano de mujeres campesinas.

Una historia de amor

Mariela Lepío y Héctor Villegas

Mariela Lepío y Héctor Villegas llevan cerca de 25 años juntos y tienen dos hijas. Desde siempre, a pesar de las difíciles circunstancias económicas, han sabido salir adelante, con pequeñas faenas que les permiten subsistir en este lado del Archipiélago Las Guaitecas.

Héctor cuenta que “una vez vino don Enrique Higuera (de INDAP Aysén) y nos dijo que podíamos producir aceites esenciales con las maderas muertas que podíamos rescatar. Yo miré a mi patrona y le dije intentémoslo, no perdemos nada. Para nosotros fue algo atrayente, algo bonito”.

Prosigue Mariela: “De ser dueña de casa a hacer aceites esenciales ha sido un tremendo cambio. No creíamos que de un palo muerto podíamos hacer aceites. Ahí fue cuando empezamos juntos a hacer todo el proceso: traer la madera, cepillar, procesar, envasar. Y efectivamente era cierto, era posible materializar algo así”.

Ambos se miran y reconocen que esta iniciativa ha sido una gran oportunidad que les da esperanza en un mejor futuro, considerando que, más allá de la proyección económica que existe detrás de los aceites esenciales, hay una transformación social que involucra mantener una cultura viva a través de la madera en desuso.

Autor: Claudia Molina - Aysén

Fecha: 26/06/2019 4:00:00

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