Con los primeros pasos en los mercados del mundo que valoran la calidad de su trabajo, presencia destacada en ferias y concursos y una creatividad a prueba de sequías y tormentas, las viñas familiares y asociativas han dado un salto en su desarrollo en las dos últimas décadas gracias a su entusiasmo y el empuje de servicios como INDAP.
“Este vino proviene de una cooperativa formada por 14 pequeños productores del Itata, en Guarilihue, y esta es su primera exportación internacional”. Pidiendo “disculpas” por su pronunciación “de esa parte del sur de Chile”, y con una botella en el set, el conductor del programa de vinos de la TV sueca dio así la bienvenida en 2023 al Moscatel Moscin 2022.
La Empresa Asociativa Campesina Moscin, de Coelemu -Ñuble-, que ese año envió 4 mil botellas de moscatel de Alejandría a Suecia, marcó así un hito en la internacionalización de vinos campesinos y sus cepas patrimoniales, y del Valle del Itata, definido en esa transmisión como “una región única, pero que estaba relegada de la producción masiva”.
La exportación es la apuesta más reciente entre los más de 4.000 viñateros de la Agricultura Familiar Campesina, que en 2025 contaron con fomento y asesoría del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP). Esto, como parte de una estrategia de mediano y largo plazo de casi dos décadas jugada por la sostenibilidad, la vinificación moderna y la apertura a nuevos mercados.
El 4 de septiembre de 1545, el conquistador Pedro de Valdivia envió una carta al rey Carlos V de España para solicitar plantas de vid que permitieran producir vino en lo que luego sería Chile. El Día Nacional del Vino recuerda esa acción que funda la vitivinicultura en este territorio, con esas primeras plantas de cepas hoy denominadas patrimoniales -como País o Moscatel-, y que con el correr de los siglos encontrarían refugio en los predios familiares.
Esas cepas antiguas en sus manos, junto a otras francesas que adoptaron en el último siglo -Cabernet Sauvignon, Merlot, Sauvignon Blanc, entre otras-, y el respeto por prácticas de cultivo amigable y producción tradicional, son insumos fundamentales para su desarrollo.
Maquinaria, especialistas y sellos
Cubas de acero inoxidable, sistemas modernos de control de temperatura y hasta laboratorios para asegurar la pureza, además de sistemas de riego eficiente, son algunos recursos aportados al sector a través de diversos programas de fomento de INDAP, que el último año invirtió $1.613 millones en el rubro.
Este empuje sumó también a enólogos como François Massoc, encima de Moscin (Ñuble), o Arnaud Hereu, junto a viñas de O´Higgins y Maule. Este último, en el marco de una reciente premiación a algunas de las viñas que asesora, enfatizó que “con pocas herramientas hacen vinos increíbles porque tienen tremendas uvas, tremendos viñedos y porque tienen la pasión. Y como todo cuando lo haces con amor es mejor, tú tienes todo en las viñas campesinas”.
Territorio extendido, nuevos tragos y medallas
El mapa con la presencia de viñas familiares y campesinas vinificando o preparando destilados, antes limitado entre Atacama y Biobío, hoy se extiende desde el Valle de Codpa, en Arica y Parinacota, hasta el Valle de Cautín, en La Araucanía. Su mayor concentración -según la cobertura de INDAP- está en Ñuble (1.995 productores) y Maule (808)).
A su origen, ligado a preparaciones como el Pajarete en las regiones de Atacama y Coquimbo, los clásicos tintos y chicha en la zona central o el pipeño en Ñuble, estas viñas incursionan hoy en nuevas tendencias como los espumantes, el rosé, la sangría, el gin y hasta el brandy. El horizonte crece, además, de la mano de acreditaciones de producción limpia, buen trato laboral, comercio justo o enoturismo, como las fiestas de vendimia, cada vez más populares.
Giras técnicas, ruedas de negocios, plataformas de venta en línea y hasta estrategias de exportación, como la de 7 viñas de Ñuble que en un inédito esfuerzo asociativo han enviado sus botellas para su promoción en China y ya miran a Estados Unidos, encuentran respaldo en programas de INDAP como el de Asociatividad Económica (PAE) o Gestor Comercial.
Con calidad, novedad e identidad asegurados, estos productores fueron invitados a lucir sus creaciones en concursos de cata locales e internacionales para validar, celebrar logros y corregir fallas. La experiencia más relevante ha sido la de Catad’Or World Wine Awards, que desde 2017 -gracias a una alianza con INDAP- ha contado con la participación de 524 viñateros con 1.071 etiquetas: en total han obtenido 239 medallas y en aumento, desde las 9 logradas en esa primera versión hasta las 41 que recibieron en 2025.
El Doña Elita Cinsault 2025, de la Viña Doña Elita –Ránquil-, se alzó con ese trofeo en la última edición. “Me aburrí, porque estábamos regalando la uva”, contó en esa ocasión la productora Lirta del Carmen Fierro, consultada por la decisión de vinificar con calidad que asumió 10 años antes. “Siento una alegría muy grande porque veo los resultados de mi esfuerzo con esta viña y esta bodega tan chicas”, agregó, entre los flashes de las cámaras en esa noche estelar en el Casino Monticello, sobre el reconocimiento que le dieron los jueces del Catad’Or.