Carlos Contreras y Carolina Pacheco demuestran que la previsión en el campo austral se mide en agua
Autor: Cristián Morales
Zona Austral Sustentabilidad y adaptación al cambio climatico Magallanes
Pareja de agricultores natalinos ha hecho de la seguridad hídrica una prioridad y con estanques de reserva y riego eficiente su predio asegura hasta 20 días de autonomía para 3.500 metros cuadrados bajo plástico, de modo que ante cortes de agua o sequía la producción no se detiene.
En Magallanes, el verano y el viento no piden permiso. Y cuando el calor se alarga, el agua se vuelve la primera preocupación del campo. Carlos Contreras Barría lo aprendió a tiempo y lo resume sin vueltas. “Si no hay agua, no hay agricultura”. Por eso, junto a su esposa, Carolina Pacheco, y sus hijos transformó la previsión en una decisión concreta: asegurar la reserva hídrica para que la producción no se detenga.
Usuario de INDAP desde 2010, Carlos se dedica a cultivos como frutilla, lechuga, cilantro, perejil y rabanito, con una superficie productiva de 15 invernaderos que totalizan 3.500 metros cuadrados. Su trabajo es parte de los programas SAT (Servicio de Asesoría Técnica) y Alianzas Productivas, y sus productos llegan a la comunidad a través de su puesto en la Asociación Gremial de Huerteros de Natales, además de fruterías y supermercados como Unimarc y Superfrut.
Durante una visita a su predio, el director regional de INDAP, Gabriel Zegers, destacó que estas inversiones son clave para asegurar hortalizas frescas para la comuna y el territorio. “Carlos y Carolina han implementado un huerto intensivo y diverso: sus hortalizas llegan a la mesa de muchas familias, hoteles y restaurantes y son producidas en distintos tipos de invernaderos y al aire libre. Pudimos conocer además un nuevo modelo de invernadero implementado, que se suma a las infraestructuras existentes y probadas para los vientos de Magallanes”, señaló. Y agregó que en dos años este agricultor “prácticamente ha aumentado casi mil metros cuadrados de superficie productiva”, con impacto directo en la provisión de alimentos para Natales.
Pero el punto fuerte del recorrido aparece cuando el tema es el agua. En el predio, la seguridad hídrica no es un concepto. Es algo que se ve. Carlos cuenta con cuatro estanques de reserva que suman 170 metros cúbicos (dos apoyados con incentivos de INDAP en años anteriores y dos adquiridos con recursos propios). Además, como él explica, tiene “almacenados casi 200.000 litros de agua”, una reserva pensada para emergencias y para sostener la producción bajo plástico cuando la red falla.
“Ya harto tiempo que hemos estado teniendo problemas con el agua que se corta. El verano viene muy caluroso, hay escasez de agua. Me tocó hace un año andar comprando agua con mi camioneta en enero. Por eso decidí hacer este sistema, para tener mi reserva para el tiempo de sequía”, relata. Y lo recomienda sin dudar. “Ojalá que toda la gente hiciera lo mismo para no tener problema con el agua para su cultivo”.
Esa previsión se traduce en un dato clave. La capacidad instalada de acumulación le entrega al predio una autonomía de hasta 20 días de riego para sus 3.500 metros cuadrados bajo plástico, aplicando principios de máxima eficiencia, en caso de cortes de la red comunal de riego o de sequía. En pocas palabras, cuando el agua escasea, aquí hay un plan funcionando.
Zegers lo conectó con una mirada más amplia. Valoró a quienes hacen agricultura “con seguridad, con planificación”, y recalcó el esfuerzo institucional por fortalecer la inversión y la soberanía alimentaria con foco en riego tecnificado y alta eficiencia en el uso del agua: “Algo fundamental en la agricultura de Magallanes y de todo Chile”.
Para Clarina Helmer, jefa del Área Puerto Natales de INDAP, Carlos y Carolina son agricultores que reflejan lo que el servicio impulsa en el territorio. “Se trata de producción familiar que planifica, invierte con responsabilidad y usa bien los instrumentos disponibles. Su foco en seguridad hídrica y riego eficiente les permite sostener la producción incluso ante cortes o sequía, asegurando hortalizas frescas para la comunidad”, precisó.
El crecimiento del predio también refleja un uso ordenado de instrumentos. En 2024, Carlos se adjudicó un Proyecto de Riego (PRI) para instalar su primer sistema de hidroponía para lechuga (incentivo $9.687.187 más aporte propio) y tomó un crédito de corto plazo por $1.000.000 para capital de trabajo. En 2025, sumó un incentivo PDI para un invernadero tipo túnel de 210 m² (estructura de acero y polietileno, incentivo $4.156.178 más aporte propio), un segundo PRI para otro sistema hidropónico (incentivo $9.270.535 más aporte propio) y un crédito de largo plazo para comprar un segundo invernadero tipo túnel por $10.188.328.
En el fondo, la historia de Carlos y Carolina es simple y potente: producir hortalizas en Magallanes exige trabajo, inversión y técnica, pero también anticiparse. Ellos lo hicieron mirando el territorio de frente y tomando decisiones a tiempo. Guardar agua para que el campo no se apague cuando aprieta la sequía.