“Desde mi oasis”: Apicultor ovallino Manuel Ibáñez escribió un libro que refleja la resiliencia del mundo rural
Autor: Indap Coquimbo
Norte Chico Coquimbo
“A los 17 años empecé a estudiar. Hasta ese entonces era completamente analfabeto. No tenía idea del significado de las letras. Menos leer”. Así comienza su relato Manuel Ibáñez Inostroza. Hoy, a sus 64 años de edad, tiene un libro escrito y está próximo a publicar un segundo.
Su primer texto se llama “Desde mi oasis” y lo resume así: “Nací en Argentina y alrededor de los 6 años me trajeron a Chile, a un pueblo que está en el sur, en la Región del Biobío, que es Antuco. Me iba a ir del pueblo, donde no lo había pasado bien, pero hablé con mi niño interior y le prometí que cuando aprendiera a leer y a escribir y ya supiera lo suficiente iba a denunciar todo lo que a él le había pasado. O sea, hablé derechamente, como se dice, de hombre a niño, y mi compromiso hoy lo confirma. En el libro escribo la historia de ese niño. Esto lo considero una hazaña, y además tuve buenos resultados”.
Manuel combina la pasión por la escritura con el trabajo apícola que lleva a cabo en la comuna de Ovalle. Es usuario del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), servicio del Ministerio de Agricultura que ha sido un aliado para su avance productivo. Participa en el Programa Agropecuario para el Desarrollo Integral de los Pequeños Campesinos del Secano de la Región de Coquimbo (PADIS), que INDAP ejecuta con la Municipalidad de Ovalle, a través del cual recibe asesoría técnica y ha obtenido equipamiento apícola.
Contribución al mundo rural
Recientemente, Manuel recibió la visita, en su predio ubicado en la localidad de Higueritas Unidas, del seremi de Agricultura, Vicente Cortés, y del director regional (S) de INDAP, Jaime Miño, junto a funcionarios de ambas reparticiones. En la ocasión, les compartió diversos capítulos del libro, los cuales fueron leídos por las autoridades y comentados en conjunto. “Escuchar sus voces dando vida a esas páginas, nacidas desde la experiencia, el esfuerzo y el amor por la naturaleza, fue una experiencia conmovedora para nuestra familia”, comenta al respecto.
Jaime Miño dice que “don Manuel es reflejo de resiliencia, después de una infancia muy difícil y de haber aprendido a leer a los 17 años. En INDAP trabajamos por brindar el mejor servicio posible a la Agricultura Familiar Campesina, pero también creemos necesario darnos el tiempo para resaltar otras facetas de nuestros usuarios y usuarias, como es el caso de don Manuel. En el marco de lo que será el Día del Patrimonio Cultural, lo visitamos y destacamos su contribución, por transmitir lo que es el día a día del campo y las historias conmovedoras que hay detrás”.
Por su lado, el seremi Vicente Cortés recalca que “lo que ha logrado don Manuel es muy significativo y nos encanta darlo a conocer. Tuvimos la ocasión de compartir con él y nos transmitió muchas enseñanzas de todo lo que ha vivido y cómo ha logrado sobreponerse a las adversidades. Además, el hecho de escribir libros es algo que debe ser motivo de inspiración para su comunidad, ya que expone vivencias con las que se pueden sentir identificadas muchas personas de la ruralidad”.
“Me sentí libre”
Manuel ahonda en su historia de vida: “En un año logré sacar toda mi enseñanza básica. Luego, en un año hice dos cursos en uno de científico-humanista. Después me fui a estudiar a la Escuela Agrícola de Paine, de muy buen nivel técnico. Allí fui reconocido como el mejor estudiante de la promoción, incluso me gané una beca. Pero, lamentablemente, mi madre en ese tiempo pasaba por una situación de salud muy crítica. Yo era el hijo mayor, así que no me pude ir al extranjero a estudiar, pero me titulé y tuve mucho éxito como profesional”.
“Trabajé en San Vicente de Tagua Tagua (Región de O'Higgins), que es algo que cito en el libro. Hice clases de Matemáticas Básica y Geometría y fue una experiencia muy hermosa, porque vi cómo después de muchos años de analfabetismo estaba yo ahí enseñándole a otras personas. Pero la verdad es que no tengo palabras para describir este regalo divino que la vida me ha dado, porque en realidad, junto con aprender a leer y escribir, entré al mundo del conocimiento, me sentí libre. Hoy cierro los ojos y no digo que sea un hombre de amplios conocimientos, pero lo que he aprendido lo sé con seguridad y lo he podido poner al servicio de las personas”, concluye Manuel.