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Empresas asociativas campesinas proyectaron exportaciones en rueda de negocios de FruitCare 2020
Un espacio para ofrecer sus productos para la exportación y también conocer la demanda y opciones de gestión de ventas, encontraron pequeños agricultores agrupados en empresas asociativas campesinas que, con apoyo de INDAP, participaron en la Rueda de Negocios de Fruitcare 2020, organizada por la Federación de Productores de Fruta de Chile -Fedefruta-.
Una decena de grupos asociados especialmente como cooperativas campesinas desde Arica hasta Los Ríos accedieron a la invitación de participación gratuita ofrecida por este servicio gracias a una alianza con Fedefruta, que les permitió en algunos casos establecer reuniones bilaterales, a distancia, con empresas extranjeras interesadas en frutas frescas y deshidratadas.
Una de ellas es Agronuez Choapa, cooperativa de la región de Coquimbo que con 13 años de trayectoria y 86 pequeños agricultores asociados, pudo establecer conversaciones que calificaron como auspiciosas con una empresa de España y otra de Colombia.
Bella Villarreal, gerenta de AgroNuez Choapa, destacó que se trató de “muy buenas reuniones” y que instancias de este tipo son “importantes para ampliar las opciones de distribución”, que es la apuesta de este grupo que ya exporta sus nueces a los Emiratos Árabes, Italia, Marruecos y Argelia.
Otra de las agrupaciones que avanzó en tratativas con empresas extranjeras fue la Cooperativa Tres Piedras de Pelluhue, en el Maule, formada por 7 pequeños agricultores frutilleros, y recién fundada en febrero último con apoyo del Programa de Asociatividad Económica -PAE- de INDAP.
María Isabel Jara, Gestora Comercial en esta cooperativa, enfatizó que la opción de las ruedas de negocios es importante para su sector ante la ausencia de poderes compradores en la zona, y resaltó que estos espacios además “sirven para tener contactos y conocer las necesidades de los demandantes, saber qué es lo que pasa en el rubro y cómo se está moviendo”.
La ejecutiva destacó que estas instancias “son espectaculares, yo estoy obteniendo toda la información de los compradores, y con los que no se concretó la cita eventualmente igual me puedo comunicar. Permite abrir un poco más la mente de lo que se requiere. Estoy feliz y toda esta información la voy a entregar este mismo sábado en reunión a los socios”.
En el extremo norte, casi en la frontera con Perú, crece la Cooperativa Campesina Pampa Concordia, con 27 socias y socios y dedicada por estos días especialmente a los tomates de especialidades (cherry y sus variedades, pomarola) y frutas tropicales (papaya, maracuyá y golden berries).
Pedro Limarí, su gerente, comentó que también han participado en ruedas de negocios convocadas por ProChile y las valoró porque “permiten dar el primer paso, mostrar y comparar tu catálogo, saber cómo estás en el mercado, y además permite posicionar la marca”.
Con 65 cooperados, una red de otros 50 proveedores también de la pequeña agricultura, ventas que hasta el último año llegaban a 2 millones de kilos de damascos frescos y deshidratados (estos en grandes invernaderos de deshidratado solar) y exportaciones especialmente a México, la Cooperativa Agrofrutícola Chillepin, también del valle de Choapa, es otro ejemplo de gestión activa en este tipo de ruedas de negocios.
Rubén Godoy, gerente, destaca que estas instancias “son fundamentales, sobre todo para el segmento en que nos manejamos que es la agricultura familiar campesina. Con ellas y ellos nuestro deber como equipo es buscar negocios, y estas instancias que se producen a partir de alianzas públicos privadas son muy valiosas”.
Rodrigo Pavez, de la División de Fomento de INDAP, encargado del Programa de Alianzas Productivas y del convenio con Fedefruta, destacó que se trató de “una instancia única, de gran provecho del punto de vista de la comercialización ya que una de las brechas de las agrupaciones campesinas es el acceso a grandes compradores. Aquí, además de acceder gratis, tienen acompañamiento de INDAP y Fedefruta”.
Respecto de la versión telemática de este año indicó que, aunque en algunos casos pudo haber dificultades de conectividad, se trata de “un formato nuevo que da posibilidades de acceso a empresas campesinas de regiones, a las que les cuesta llegar a instancias presenciales en Santiago, y también facilita la presencia de los poderes compradores del extranjero”.
Entre las asociaciones campesinas que se inscribieron para esta Rueda de Negocios de FruitCare 2020 se encuentran Cooperativa Comfrule, Cooperativa San Berries Ltda; Coopeumo Ltda; Soc. Frutas de Chile Ltda; Mi Fruta SA; Agro Frutillas San Pedro S.A.C. y Campesinos de Diguillin.
Mónica Venegas: “El contacto de mis manos con la greda fue mágico y supe que jamás la dejaría”
Mónica Venegas Rojas (55), alfarera desde hace más de tres décadas e integrante de la Unión de Artesanas de Quinchamalí, donde participan activamente 15 socias de ese poblado de la comuna de Chillán, Región de Ñuble, habla así de su oficio: “El primer contacto de mis manos con la greda fue mágico y supe de inmediato que jamás la dejaría, porque me dio alas para crear y soñar. Hoy soy orgullosa defensora de mi arte, que sólo me ha dado satisfacciones y me hace vivir. En como el pan y el té de cada mañana”.
Nacida y criada en Santiago, Mónica estudió confección de vestuario en un liceo técnico y en 1984 se radicó en la zona, tras viajar junto a su marido, pequeño agricultor con quien tiene cuatro hijos -tres mujeres y un hombre-, a la casa de su suegra. Ahí las tías de su marido la iniciaron en este arte tradicional: “Cocer la greda a fuego directo, ver cuando las piezas pasan del rojo vivo al negro intenso, teñirlas, fue algo que no conocía y que me cautivó. Ser artesana estaba predestinado para mí”, cuenta.
Sobre esta artesanía con denominación de origen, que le ha valido ser Tesoro Humano Vivo 2014, contar con dos Sellos de Excelencia, participar en la Expo Milán y en las principales ferias del país y viajar a Perú, México y Marruecos, dice que se sabe poco: “Muchos creen que las guitarreras, que representan a las cantoras populares de los años 60 y al matriarcado de Quinchamalí, y los chanchitos de la suerte, los únicos del mundo con tres patas (salud, dinero y amor), son iguales, pero no existe uno igual a otro, son piezas únicas, cada una con sus pequeños detalles”.
Cuenta que durante el verano se recolecta la greda que usarán el resto del año -así como el guano de vacuno para la cochura y el de caballo para el teñido- y que elaborar cada pieza requiere de “mucha pega y mucho humo”, lo que mella la salud de las cultoras: “La mayoría termina con enfermedades pulmonares, reumáticas y a la vista”.
El paso a paso de Mónica parte extrayendo la materia prima en diferentes terrenos de la zona, para luego secarla. Remoja lo que usará, le agrega arena amarilla y la amasa con los pies. La deja reposar, elimina cascajo, carboncillo, semillas y raíces, y bastonea para cortar el trozo que usará. Las piezas utilitarias se trabajan en una tabla lisa desde la base, y las ornamentales, con una esfera de inicio. Se paletea, se orea y se comienza a armar.
Luego vienen el bruñido, secado, lustrado a la antigua (con grasa de ave) y esgrafiado con una aguja de victrola, con motivos tradicionales: Flores de cerezos, hojas de higueras, espigas de trigo. En verano las piezas se ponen al sol y luego al fuego. En invierno son ahumadas en canastos de alambre y de ahí van a la colchura, a 920 grados de temperatura. Finalmente se quita el hollín y se pone el colo blanco en los dibujos
En 2016, y durante siete meses, Mónica y otras seis artesanas de Quinchamalí trabajaron en las 207 piezas que dieron vida al mural a Violeta Parra en su casa natal de San Carlos, con motivo del centenario de su nacimiento. “Fue un gran desafío y debimos adecuar nuestras técnicas a lo que pidió la encargada del proyecto, Militza Augusti. El resultado fue impactante, único. Así como Violeta alguna vez promovió nuestra artesanía, nosotras le devolvimos la mano y la retratamos desde su nacimiento hasta que nos dejó”, dice.
Usuaria de INDAP, donde próximamente pasará a integrar un Servicio de Asesoría Técnica (SAT) orientado al turismo rural y la artesanía, cuenta que estos meses de pandemia han sido duros, ya que las ferias se cancelaron y no llegan visitantes. “Por esa razón, con el apoyo de mis hijas, me he tenido que sumergir en las redes sociales para recibir pedidos y hacer lo que antes hacía en vivo y en directo. A estas alturas nada es pequeño, todo me sirve”, expresa.
Mónica hoy transmite sus saberes a su nieta Javiera (9), que vive con ella, y en los talleres en los que participa, pero cree que el oficio debiera ser una asignatura obligatoria en la zona, ya que así los niños y niñas de Quinchamalí podrían enamorarse de la greda como ella lo hizo: “Nosotras estamos dejando un legado, un camino andado, y no hay que dejar que se pierda”, afirma.
Teléfono: +56 9 8416 5577
Instagram: @mujer_alfarera
Sitio web: www.alfareriadequinchamali.cl