Hugo Contreras, “el rey del ajo patagónico”, cuenta su secreto para mantener las propiedades del cultivo
Al interior de una bodega, frente al cerro Dorotea, en el camino 4 del sector Huerto Familiares, cuelgan del techo y las paredes los ajos. Son cientos de kilos, trenzados con la misma lienza de la raíz, un bulbo al lado del otro, sin apretarse. “Aquí no entran los vampiros”, bromea Hugo Contreras Márquez, agricultor de INDAP. Su nieta, Javiera Contreras, 20 años, ríe tímida y lo ayuda a sostener una de sus muletas, mientras él carga una ristra con al menos 20 cabezas de su cultivo de aliáceas.